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Presión sobre las reservas: Se achica el espacio de las provincias para tomar deuda en dólares
La mejora de Fitch en la calificación soberana de la Argentina abrió una ventana angosta. Casi al mismo tiempo que el mercado celebraba la suba de la nota y el regreso parcial del apetito por activos argentinos, aparecieron advertencias que enfriaron la euforia. La misma calificadora sostuvo que la mejora fiscal del gobierno de Javier Milei se construyó “a expensas del debilitamiento de las finanzas provinciales” y reclamó además que la Argentina construya un “colchón de dólares” para enfrentar los vencimientos de 2027.
El dato es que las provincias emitieron deuda por unos 2100 millones de dólares durante 2025 y otros 2300 millones en los primeros meses de 2026. En total, 4400 millones de dólares en menos de un año y medio. La cifra tiene una dimensión política y macroeconómica mucho más delicada de lo que aparenta: esa emisión acumulada ya representa más del 55% de la acumulación neta de reservas que el mercado proyecta para la Argentina hacia fines de 2026.
El dato revela una tensión cada vez más visible. Mientras el Gobierno necesita desesperadamente dólares para fortalecer al Banco Central y sostener el esquema cambiario, buena parte de los fondos frescos que volvieron a mirar a la Argentina terminaron canalizados hacia deuda subnacional.
La trampa del dólar estable consolida una economía dual
La dinámica explica buena parte de las advertencias de Fitch. Nación acomodó sus cuentas recortando transferencias, frenando obra pública y descargando costos sobre las provincias. El ajuste nacional funcionó así como una aspiradora fiscal. El superávit financiero de la Casa Rosada convivió con balances provinciales cada vez más exigidos.
Esto explica que en Wall Street el entusiasmo sigue condicionado por una pregunta central: de dónde saldrán los dólares genuinos para sostener la estabilidad cambiaria cuando se termine el alivio financiero de corto plazo.
Ahí aparece la segunda advertencia de Fitch. La calificadora pidió explícitamente que el Gobierno construya un “colchón de dólares” para enfrentar 2027. El mercado observa que el actual alivio financiero convive con vencimientos pesados a partir del año próximo y con una economía que todavía no logra acumular reservas de manera consistente. El problema no es solamente fiscal. Es cambiario y externo.
La mejora de la nota soberana alimentó además la expectativa de regreso a Wall Street. En el Gobierno leyeron esa señal como una validación política. Desde Milei hasta funcionarios de tercera línea del gabiente económico celebraron que el riesgo país perforara momentáneamente los 500 puntos básicos al comienzo de la semana. En los despachos oficiales hubo entusiasmo con la posibilidad de que regresaran los “dólares financieros”.
Pero la euforia duró poco. Los bonos soberanos volvieron a caer y el riesgo país rebotó rápidamente hasta ubicarse otra vez en torno a los 511 puntos este martes. El movimiento expuso la fragilidad de un mercado que todavía reacciona con extrema sensibilidad ante cualquier duda sobre reservas, tipo de cambio o capacidad de refinanciamiento.
El ex ministro de Economía Hernán Lacunza sintetizó esa lógica al plantear la “relación de causalidad”. En primer término, entre la acumulación de reservas y el riesgo país. “La baja del riesgo país está atada a la acumulación de reservas, y no al revés”, afirmó.
Lacunza también advirtió que depender permanentemente del Fondo Monetario Internacional y del Tesoro estadounidense vuelve muy difícil estabilizar expectativas y sostuvo que el régimen cambiario es el que muestra sus debilidades frente a episodios de tensión electoral y de precios, y no a la inversa. En definitiva, Lacunza altera el orden de los factores para entender el producto.
La escena resulta incómoda para el relato oficial. El superávit fiscal, presentado como la llave para recuperar credibilidad, terminó empujando a las provincias a endeudarse en moneda dura para sostener gastos básicos. Nación mejora sus números mientras las provincias salen a buscar dólares para cubrir el vacío que dejó el ajuste. Y son los dólares que compra el Banco Central para pagar su deuda.
De ahi brota una pregunta más profunda. Debajo del festejo financiero instantáneo, siguen apareciendo las mismas tensiones estructurales que la Argentina arrastra desde hace décadas.
Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More

