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Economía dice que para volver a tomar deuda en el mercado se necesita que el riesgo pais caiga a 300 puntos

 Nadie discute si el vencimiento de julio se paga, pero en el mercado preocupa cómo se llega al día después.

Federico Furiase salió a decir que el Tesoro tiene la plata para afrontar el vencimiento del 9 de julio y que el programa financiero de 2027 está prácticamente prefinanciado. Pero en la misma escena dejó una confesión más incómoda: para volver al mercado voluntario necesita que el riesgo país baje a la zona de 300 puntos.

“Si las tasas de Estados Unidos se mantienen en 4,5%, y la sostenibilidad para la deuda es 7,5%, 300 puntos de riesgo país ayudarían”, dijo el secretario de Finanzas en Las Tres Anclas, el programa de streaming que funciona como vocería paralela del Ministerio de Economía en Carajo.

La frase ordena la discusión. El Gobierno quiere mostrarse cerca del regreso a los mercados, pero todavía mira la puerta desde afuera. Con las tasas actuales, emitir deuda internacional le sale caro. Furiase admitió que convalidar tasas arriba del 8% comprometería la sostenibilidad de la deuda.

El problema es que el riesgo país todavía está lejos de esa zona. La semana pasada subió 3,8% y, si bien este lunes tuvo una leve baja, aún se mantiene en la zona de los 430 puntos. 

A eso se suma otro dato que endurece la cuenta. Se esperan dos subas de la tasa de Estados Unidos antes de que termine el año. Si la tasa libre de riesgo se mueve más arriba, el piso para emitir deuda argentina también sube. La meta de 300 puntos, entonces, deja de ser una referencia cómoda y pasa a ser una exigencia mucho más difícil.

Este lunes, durante su exposición en el Congreso Nacional PyME 2026, organizado por Somos Pymes, Furiase buscó reforzar la señal. Repitió que el Tesoro ya tiene cubiertos los vencimientos en dólares de 2026 y que también está prácticamente asegurado el programa financiero de 2027. Según explicó, la cobertura vendría por financiamiento de organismos multilaterales y otras fuentes internacionales. Reconoció que por ahora ir al mercado no es una opción.

El calendario de deuda en moneda dura aparece despejado en lo inmediato, pero se vuelve mucho más exigente hacia 2027. El vencimiento más importante de este año llega el 9 de julio, cuando el Tesoro deberá pagar unos USD 4.400 millones a bonistas privados.

El Tesoro tiene depositados cerca de USD 3.700 millones en el BCRA y en la última licitación sumó USD 266 millones con el Bonar 2028. Con la segunda vuelta, Economía esperaba arrimar otros USD 100 millones. En total, unos USD 360 millones adicionales, a una tasa cercana al 8%.

Lo cierto es que la cuenta fina es menos holgada que el discurso. Pero el mercado descuenta que julio se paga. La duda es otra: cuán exhausto queda el Tesoro después de pasar por la ventanilla. No es lo mismo cancelar el vencimiento con un colchón cómodo que hacerlo raspando la olla y esperando que entre la próxima transferencia. En Economía venden una bóveda ordenada. En la City miran una alcancía con cinta adhesiva.

A eso se suma un remanente semestral cercano a los USD 3.000 millones con el FMI, el BID y el Banco Mundial, donde el Gobierno apuesta al roll over con nuevos desembolsos de los mismos organismos.

En paralelo, el Banco Central aún debe afrontar unos USD 1.400 millones de contratos repo con bancos internacionales que vencen en octubre y cuya prórroga ya está en negociación.

La vía Bopreal, en cambio, quedó despejada por el resto del año tras completarse los pagos de la serie 2026 por USD 2.200 millones.

El problema mayor asoma en 2027. La carga se triplica y acumula exigencias estimadas entre USD 32.000 y USD 35.000 millones entre Tesoro y Banco Central. Allí aparecen USD 9.700 millones con bonistas privados, con picos de pago en enero y julio; otros USD 12.700 millones con organismos internacionales, principalmente por la devolución neta al FMI; USD 5.300 millones en préstamos repo con bancos; y USD 4.300 millones de Bopreal serie 2027, que comienzan a amortizar capital desde abril.

En ese punto aparece la negociación por hasta USD 5.000 millones con bancos internacionales. Caputo consiguió avales del Banco Mundial y del BID por el equivalente a unos USD 2.500 millones. Esos respaldos sirven para abaratar el costo del crédito y asegurar el pago de intereses. Son una rueda de auxilio para pedalear sin pagar tasas de emergencia.

En paralelo, Santiago Bausili se reúne este martes en Londres con fondos de inversión. En la lista aparecen Ashmore, Wellington, BlackRock, Amundi, Aberdeen, Ninety One, BlueBay y Pictet, entre otros. Esos son los fondos tenedores de deuda argentina. Por eso en el mercado se instaló la especulación sobre una eventual reestructuración voluntaria o una operación de financiamiento puente.

En los últimos tres vencimientos con bonistas internacionales, el Gobierno anunció antes algún rescate financiero. El 3 de enero de 2025 cerró un repo con bancos de inversión por USD 1.000 millones. El 11 de junio de ese mismo año anunció otro por USD 2.000 millones. El 7 de enero pasado apareció un nuevo repo por USD 3.000 millones. La secuencia se volvió un patrón: antes del vencimiento, un puente; después del puente, otro vencimiento.

El dato tiene un costado llamativo. Formalmente, la deuda con bonistas es del Tesoro. La administra el Ministerio de Economía. No el Banco Central. Bausili no debería aparecer como negociador de la deuda soberana, porque esa lapicera la tiene Caputo. El presidente del BCRA sí interviene en las operaciones que sostienen el andamiaje: repos, swaps, líneas con bancos y acuerdos para reforzar reservas.

La misión europea de Bausili también incluyó Basilea. Allí el titular del Central participó de la reunión anual del Banco Internacional de Pagos. Ese viaje se combina con otras dos negociaciones sensibles: la renovación del swap con China por unos USD 19.000 millones que vencen en agosto y la administración de líneas con el BIS, que se encuentras bajo su órbita. 

Julio será entonces una prueba rara. No parece haber default a la vista. Tampoco hay normalidad. El Gobierno pagará para demostrar solvencia, pero al mismo tiempo manda al presidente del Central a conversar con los dueños de los bonos y con los bancos que pueden armar el próximo puente. La escena tiene algo de prestidigitación: una mano muestra la caja; la otra busca dólares detrás del telón.

Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More

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