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El déficit de junio rompió la meta con el FMI y expuso los límites del ajuste
El superávit fiscal es la piedra angular del programa económico de Javier Milei. Sobre esa promesa se construyó la baja del riesgo país, la recuperación parcial de la confianza financiera y la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Pero los números de junio dejaron al descubierto una realidad más incómoda: el primer semestre terminó por debajo de la meta acordada con el organismo y encendió señales de alerta sobre la sostenibilidad del ajuste.
El Sector Público Nacional registró en junio un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero de $1,02 billones, luego de pagar $328.049 millones de intereses de deuda. Economía explicó que el resultado respondió al pago de los aguinaldos de jubilados y empleados públicos y a la postergación de los vencimientos del Impuesto a las Ganancias para personas humanas, un fenómeno que redujo transitoriamente los ingresos del mes.
Junio, de hecho, suele ser un mes estacionalmente deficitario. El medio aguinaldo incrementa el gasto todos los años. El problema no es solamente esa fotografía. El problema aparece cuando se observa la película completa. Detrás del rojo de junio se combinan dos tendencias que vienen consolidándose desde hace varios meses: una recaudación que pierde fuerza y un gasto que encuentra cada vez menos margen para seguir bajando.
La recaudación tributaria nacional cayó 7,4% en términos reales durante junio respecto del mismo mes del año anterior. En el acumulado del primer semestre la baja ronda el 5,3% real, una pérdida de recursos que distintas estimaciones privadas ubican en torno a los $6,5 billones a valores actuales. La desaceleración de la actividad económica se siente en la caja del Estado y erosiona el principal sostén del superávit.
Al mismo tiempo crecieron los subsidios económicos volvieron a acelerarse por el mayor costo energético derivado de la desregulación y los precios internacionales. Los energéticos aumentaron 74,1% en términos reales interanuales, revirtiendo parte del ahorro fiscal conseguido durante los primeros meses de gestión.
A esa presión se suma otro indicador que el mercado sigue con atención: la deuda flotante, es decir, las obligaciones ya devengadas pero todavía impagas. En los últimos meses volvió a incrementarse y suman $4 billones, una señal de que el Tesoro también recurre a postergar pagos para aliviar transitoriamente la caja. Ese mecanismo permite mostrar un resultado financiero menos exigido en el corto plazo, pero traslada compromisos hacia adelante y reduce el margen de maniobra para los meses siguientes.
Mientras promete blindar al Banco Central, Milei volvió a usarlo para financiar al Tesoro
La conclusión es incómoda para el Gobierno. Después de haber cortado la obra pública, frenado las transferencias a provincias, gasto de capital y buena parte de los programas nacionales, ya no quedan muchas partidas fáciles de ajustar. La estructura del gasto se volvió mucho más rígida. La motosierra derribó las ramas más bajas del árbol; ahora sólo quedan las más gruesas, aquellas cuyo costo político y económico es mucho mayor.
Ese diagnóstico fue resumido por el economista Gabriel Caamaño. “Todo indica que incumplimos la meta fiscal del primer semestre porque el resultado primario que mira el FMI excluye los ingresos extraordinarios. Quedamos cortos por unos $0,6 billones”, escribió en la red X.
En el mercado descuentan que el Fondo Monetario evitará convertir el desvío semestral en un conflicto político. La expectativa dominante es que otorgue un waiver y concentre la evaluación en el cumplimiento de la meta anual. Sin embargo, el episodio deja una advertencia. Más allá del déficit estacional de junio, la combinación de una economía que recauda menos y un gasto cada vez más inflexible vuelve mucho más difícil sostener el ancla fiscal sobre la que descansa todo el programa económico
Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More
