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Se agota la liquidez de los bancos y el mercado cree que el Gobierno deberá subir las tasas para sostener el dólar

El mercado de pesos volvió a encender señales de alerta. Mientras el Gobierno busca mantener el dólar estabilizado en torno a los $1.500, operadores financieros comenzaron a seguir con preocupación el rápido drenaje de la liquidez bancaria y el cambio de comportamiento de los inversores, que cada vez buscan más cobertura frente a una eventual suba del tipo de cambio. 

Santiago Bausili intervino en la discusión y reconoció que una licitación del Tesoro absorbió más pesos de los esperados, aunque atribuyó la tensión de tasas a factores técnicos y al “trauma postraumático” que arrastra el mercado desde el año pasado.

La primera señal la difundió el analista conocido en redes como Juancito Nieve. Según sus cálculos, el denominado “colchón de liquidez” del sistema financiero se redujo de manera sostenida desde mediados de julio. 

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Para ese operador, el problema no es únicamente la menor liquidez disponible. La preocupación aparece si la demanda de dólares vuelve a acelerarse. “¿Piensan que porque los bancos tengan bonos largos la gente no va a querer comprar dólares? La gente va a comprar igual”, escribió. En ese escenario, las entidades financieras podrían verse obligadas a desprenderse de títulos públicos para reconstruir liquidez, provocando una caída en el precio de los bonos y una suba de las tasas de interés.

¿Piensan que porque los bancos tengan bonos largos la gente no va a querer comprar dólares? La gente va a comprar igual.

Bausili reconoció en conferencia de prensa el origen del apretón monetario. “Me parece que lo que pasó con las tasas en los últimos días tiene un componente de factores técnicos y un componente resabio de lo que fue la dinámica del año pasado, trauma postraumático”, dijo. Según explicó, “el factor que se identificó como una falta de liquidez fue el alto nivel de rollover que tuvo la colocación del Tesoro”.

El presidente del Central explicó que el Tesoro recibió en una licitación una demanda superior a la prevista y decidió tomarla. Eso terminó retirando más pesos del mercado. Bausili lo definió como “un desafío de coordinación”, porque los inversores concurren individualmente a una licitación sin conocer las decisiones del resto. Primero el mercado celebró el elevado rollover y luego apareció el temor inverso: que el Gobierno hubiera aspirado demasiados pesos. “De golpe empezó a haber una sensación de que por ahí la licitación había sido demasiado grande y podía llegar a tener un efecto de liquidez”, reconoció.

Bausili aseguró que el Central detectó el problema desde el comienzo. “Nosotros lo vimos en el momento de la licitación”, afirmó. Y reconoció el peso decisivo que tienen las operaciones del Ministerio de Economía sobre las condiciones monetarias: “Uno de los factores más importantes en la dinámica de esa liquidez es lo que haga el Tesoro, porque es el jugador más grande del mercado”.

El BCRA incluso se preparó para devolver parte de los pesos que Economía había retirado. “Nos dimos cuenta que íbamos a tener que estar alertas y listos para proveer la liquidez temporaria que permita que los mercados se mantengan equilibrados”, dijo Bausili. Sin embargo, sostuvo que finalmente la intervención no fue necesaria y que el mercado corrigió por sí mismo el movimiento. Según su descripción, primero hubo preocupación, luego los operadores comprobaron que el mercado no se desequilibraba y “se vuelcan para el otro lado y se exagera”. El viernes, afirmó, las tasas terminaron “en el piso”.

La tensión reapareció esta semana. El economista Martín de la Fuente afirmó que “sigue estresado el mercado de pesos” y destacó una fuerte ola de ventas sobre los bonos duales ajustados por CER y TAMAR. Según explicó, la curva TAMAR llegó a concentrar cerca del 30% del volumen operado, una participación inusualmente elevada para ese segmento.

Fuentes del mercado consultadas por LPO explicaron que detrás de esos movimientos conviven perfiles de inversores con necesidades muy distintas. Los bancos privilegian los bonos ajustados por TAMAR porque les permiten calzar el rendimiento de sus activos con el costo de los depósitos. Como pagan una tasa vinculada a la TAMAR por los plazos fijos y compran títulos que rinden TAMAR más un diferencial, aseguran un margen financiero sin asumir un descalce entre activos y pasivos.

Bausili también intervino en esa discusión. Reconoció que los encajes remunerados o integrables con títulos son una variable “relativamente sensible”, porque no sólo están vinculados con la seguridad de los depósitos sino que “también pueden afectar la dinámica en el mercado de títulos”. Sin embargo, rechazó que actualmente funcionen como una demanda forzada de deuda pública.

El argumento del presidente del Central es que los bancos tienen muchos más títulos del Tesoro de los que necesitan para cumplir con los encajes. “Uno puede ver cuántos bonos del Tesoro tienen los bancos en sus activos, y tienen mucho más de la exigencia”, sostuvo. “Como están comprando mucho más de la exigencia, uno tiende a pensar que desde ese punto de vista no genera un problema”, agregó. En un contexto de “alta nominalidad”, advirtió además que cualquier modificación brusca de los encajes puede tener un impacto muy fuerte sobre el sistema y descartó por ahora cambios en cualquier dirección.

Muy distinta es la lógica de exportadores, importadores y empresas multinacionales que acumulan pesos mientras esperan girar dividendos al exterior o tienen ingresos atados al tipo de cambio. Esos actores buscan preservar el valor de sus fondos en dólares y por eso demandan instrumentos con cobertura cambiaria, como los bonos dólar linked.

“Cuando el Tesoro sale a licitar deuda mira quiénes son los compradores potenciales. Si ofreciera solamente tasa fija, no conseguiría el nivel de renovación que necesita. Por eso combina instrumentos ajustados por tasa, CER y dólar linked para atender perfiles distintos”, explicó a LPO una fuente con conocimiento de las colocaciones oficiales.

En las mesas financieras sostienen que el dato más llamativo no es la existencia de esos instrumentos sino el momento en que volvió a crecer la demanda. “Todavía falta mucho para las elecciones y el mercado ya está tomando cobertura cambiaria. Eso refleja que muchos creen que el Gobierno va a tener que ofrecer un premio mayor para convencer a los inversores de quedarse en pesos si quiere sostener el dólar alrededor de los $1.500”, afirmó un operador.

Bausili defendió frente a esas dudas la continuidad del esquema oficial. “La política cambiaria es explícita, es clara y es la misma”, afirmó. Según el presidente del Central, los movimientos de las bandas se hicieron dentro del propio régimen y el Tesoro actúa como “un jugador más del mercado de cambios”, aunque reconoció que tiene “contratos muy grandes para un lado y para el otro” y, por lo tanto, la interacción propia de cualquier jugador de gran tamaño.

El contraste aparece cuando se mira hacia adelante. Mientras el mercado observa cómo se achica la liquidez, aumenta la cobertura cambiaria y reaparece la volatilidad de las tasas, el Banco Central espera que ocurra exactamente el fenómeno que podría descomprimir esas tensiones: que los argentinos quieran tener más pesos. Bausili sintetizó de una manera llamativa el fundamento de esa proyección. “¿Por qué lo esperamos? Porque lo dice el modelo”, afirmó sobre la remonetización.

Según Bausili, el modelo detecta “una consolidación en el proceso de recuperación económica” y “una normalización en el proceso de toma de decisiones”. La combinación de esos factores lleva al Central a pensar que “la gente cada vez pareciera que va a estar más cómoda con saldos monetarios más altos de los que ha llevado en los últimos tiempos”. Dijo que el fenómeno apareció en mayo, atravesó en junio un comportamiento estacional, se mantuvo aproximadamente durante julio y debería profundizarse durante el próximo trimestre.

En el mercado, mientras tanto, miran una película menos cómoda. “Si las tasas vuelven a subir para sostener el carry trade y evitar una dolarización de las carteras, se encarece el crédito en un contexto donde la mora ya aumentó y la demanda interna sigue sin reaccionar”, explicó una fuente. La discusión entre el modelo del Central y las señales del mercado quedó así reducida a una pregunta bastante más sencilla: si la remonetización llegará sola o habrá que pagar una tasa cada vez más alta para convencer a los pesos de que no se conviertan en dólares.

Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More

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