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Caputo maquilla el superávit con otro bono a las constructoras y el mercado pronostica recesión
La caída de la recaudación comenzó a perforar una de las paredes que sostienen el superávit de Toto Caputo, que se vio forzado a pagarle a los contratistas de obra pública con bonos por más de 220 mil millones. Y como las noticias malas nunca vienen solas, el mercado volvió a recortar este martes la proyección de crecimiento, el REM del Banco Central estimó que la economía habría caído 1% en el tercer trimestre, ingresando en una recesión.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que se difundió este martes entregó una corrección fuerte. Las 33 consultoras y centros de investigación y las 11 entidades financieras que integran el panel estimaron que el PIB desestacionalizado se contrajo 1% durante el tercer trimestre.
Es una revisión de 2,1 puntos porcentuales respecto del REM anterior. Para todo 2026 redujeron la expansión prevista, hasta apenas 1,5%. El Top 10 de pronosticadores que más aciertan fue más pesimista: bajó su cálculo un punto y ahora espera apenas 1,2%, pero en una tendencia hacia la recesión a medida que avanza el año.
La caída de la actividad ya tiene su traducción fiscal. Entre enero y septiembre la recaudación tributaria cayó 3% en términos reales, según IARAF. Como anticipó LPO, la mejora de septiembre estuvo sostenida por el pago excepcional de los anticipos de ganancias Ganancias y los derechos de exportación, mientras los impuestos más ligados al mercado interno continuaron en caída libre. El IVA neto cayó 5,4% real interanual.
Las malas noticias que está entregando el programa de Caputo se agudizan en el peor momento: Milei hizo hablar ante el gabinete al conocido economista Alberto Ades, en una desautorización feroz a su ministro, que dolido adujo un malestar inexistente para faltar al encuentro.
El problema de una economía más chica empezó a golpear el corazón del programa que hizo del superávit fiscal su principal activo.
El ajuste tiene dos hojas de la tijera: se pueden subir los ingresos o bajar los gastos. Con una economía en retroceso, la primera pierde fuerza. Y después de casi tres años de motosierra, la segunda exige cortes cada vez más profundos o una administración más exigente del momento en que las obligaciones efectivamente pasan por caja.
Un dato de septiembre permite mirar ese fenómeno de cerca. El gasto devengado de la Administración Nacional aumentó 5,2% real, mientras el gasto efectivamente pagado cayó 2,1%. La distancia entre ambos conceptos importa porque el resultado fiscal que informa Hacienda se calcula en base caja.
El propio REM aclara que el resultado primario del Sector Público Nacional no Financiero se mide de esa manera: registra ingresos y gastos cuando pasan por caja.
Ese desacople abre una cámara de espera fiscal. El Estado puede haber recibido un bien, certificado una obra o reconocido una obligación. Pero mientras no pague, esa erogación todavía no atraviesa la caja. La deuda queda pendiente con proveedores y contratistas y el resultado corriente luce mejor que si todas esas obligaciones se cancelaran al momento de generarse. Es lo que técnicamente se conoce como deuda flotante.
El economista Alberto Ades ingresa este lunes a la Casa Rosada.
Una resolución publicada este martes en el Boletín Oficial ofrece un caso concreto. Las secretarías de Finanzas y Hacienda dispusieron la emisión de hasta $221.119 millones en títulos públicos para cancelar obligaciones con contratistas de obra pública. Allí entran certificados de obra, acopio de materiales y redeterminaciones de precios correspondientes al período comprendido entre 2022 y 2025, además de obligaciones vinculadas con contratos rescindidos desde 2024.
Las constructoras hicieron las obras, compraron materiales, afrontaron los costos y quedaron esperando. En los hechos financiaron al Estado con recursos propios durante meses e incluso años.
El problema golpeó especialmente a empresas del interior y pymes constructoras, en paralelo con el derrumbe de la inversión pública. Ahora el Tesoro reconoce esa deuda, pero no la cancela como gasto primario.
La resolución establece que la operación será imputada a “Aplicaciones Financieras”. En términos fiscales, pasa debajo de la línea: el pasivo con los contratistas se transforma en deuda pública. Lo que en su momento no afectó la caja porque quedó impago tampoco vuelve después por la puerta del gasto primario cuando finalmente se entrega el bono.
La secuencia es sencilla. El Estado certifica una obra pero demora su pago. Como el resultado se mide base caja, el dinero que no desembolsa no pesa sobre el gasto pagado de ese período. Tiempo después cancela la obligación entregando un título público. La deuda comercial cambia de traje y se convierte en deuda financiera.
La operación tiene una segunda particularidad. Los títulos son capitalizables, por lo que parte de los intereses se incorpora al capital y su pago queda diferido. Incluso el instrumento correspondiente al 33% de la cancelación vence el próximo 30 de octubre, apenas 24 días después de publicada la resolución. Está muy cerca de funcionar como efectivo, pero contablemente sigue siendo financiamiento.
La cuestión adquiere mayor relevancia a medida que la actividad se debilita. El REM también elevó las estimaciones de desempleo: proyectó 7,5% para el tercer trimestre y 7,7% para el cuarto. El Top 10 espera 7,6% y 7,9%, respectivamente.
Al mismo tiempo, la inflación de septiembre fue estimada en 1,9% y la núcleo en 1,8%. Es decir, el enfriamiento de la economía no consiguió todavía perforar claramente el piso del 2% mensual.
El mercado, sin embargo, todavía compra el núcleo del programa fiscal. Los participantes del REM proyectaron para este año un superávit primario de $15 billones. Pero también allí apareció una señal: redujeron la estimación en $400.000 millones respecto del relevamiento anterior. El Top 10 espera $14,8 billones.
El Gobierno logró hasta ahora que el superávit fuera la pieza más resistente de su programa. Pero la recesión le está quitando combustible. Los $221 mil millones que ahora se pagan a las constructoras con bonos pueden ser una primera señal de una etapa más exigente: cuanto menos recauda la economía, más difícil resulta que la cuenta cierre sin mandar gastos al futuro. Y eso, al final, es más caro.
Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More
