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El atraso cambiario se profundiza y en el mercado hablan de una devaluación en cuotas

 La estabilidad del dólar esconde una tensión que crece debajo de la superficie. Mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán disparó el precio de los commodities y engordó transitoriamente la oferta de divisas, el atraso cambiario se profundiza y la demanda de los argentinos no cede. En el mercado ya circula una alternativa para corregirlo sin provocar un salto brusco de la inflación: dosificar una devaluación en seis tandas del 2%. 

La versión encuentra además un punto de apoyo en la dinámica que ya muestra el mercado. Forbes describió una suerte de “zona de confort cambiario”: el dólar oficial se viene desplazando a un ritmo cercano al 2% mensual, prácticamente el mismo nivel que tenía el crawling peg antes del esquema de bandas. 

Según Banco Galicia, ese movimiento se acerca a la inflación subyacente, que promedió 2,2% entre enero y agosto. El problema es que, con una inflación todavía por encima del ritmo del dólar, la apreciación real no termina de corregirse. Por eso, en las mesas circula la posibilidad de transformar ese 2% en una secuencia administrada de ajustes para recuperar competitividad sin concentrar todo el impacto sobre los precios en un solo salto.

El diagnóstico sobre el atraso recibió un respaldo difícil de ignorar. Gita Gopinath, ex número dos del Fondo Monetario y actual profesora de Harvard, calculó que el tipo de cambio real se apreció alrededor de 12% desde comienzos de año. En una entrevista con Sofía Diamante y Francisco Jueguen en La Nación, la economista sostuvo que el Gobierno debería permitir una mayor flexibilidad cambiaria y aprovechar ese movimiento para comprar reservas. 

El mercado acelera la cobertura contra una devaluación, que ya alcanza USD 12 mil millones 

Gopinath fue particularmente cuidadosa con la velocidad. Reconoció que una corrección brusca puede trasladarse a precios mientras las expectativas inflacionarias todavía no estén completamente ancladas. Pero consideró valioso que el peso se deprecie un poco más y que el Banco Central utilice ese espacio para acumular dólares. También desaconsejó levantar de golpe los controles que todavía pesan sobre las empresas. 

Ese razonamiento está detrás de una versión que circula en mesas financieras y consultoras. Según pudo saber LPO, se analiza en el mercado la posibilidad de repartir una eventual corrección en seis movimientos de alrededor del 2%. 

No existe hasta ahora una decisión oficial en ese sentido, pero la lógica sería administrar el ajuste como quien baja una escalera peldaño por peldaño: recuperar parte del terreno perdido por el tipo de cambio sin concentrar todo el traslado a precios en un solo mes. 

En el mercado se habla de un plan para graduar la devaluación en seis movimientos de alrededor del 2%. 

La pregunta es por qué, con semejante apreciación, el dólar todavía conserva una estabilidad llamativa. Una parte de la explicación llegó desde afuera y por una vía bastante menos virtuosa que la alquimia económica del Gobierno. 

La guerra entre Estados Unidos e Irán empujó los precios internacionales de la energía y otros commodities y provocó un fuerte ingreso de divisas a la Argentina. Ese flujo funciona por ahora como un dique frente a la demanda privada de dólares. 

La clave esta en que los argentinos con capacidad de ahorro no abandonaron su histórica preferencia por la moneda estadounidense. Por cada dólar que venden, compran cinco, según datos relevados por Bloomberg. La estabilidad cambiaria no eliminó la dolarización de los ahorros. Apenas encontró, por ahora, quién la financie. 

El último balance cambiario disponible muestra la magnitud de esa demanda. En julio, las personas humanas compraron USD 4.124 millones netos, un salto del 46% frente a los USD 2.821 millones de junio. De ese total, USD 2.916 millones correspondieron a billetes.

La normativa cambiaria obliga a los exportadores a ingresar y liquidar buena parte de las divisas que generan. Algo similar ocurre con empresas que colocan deuda en el exterior y deben ingresar esos fondos al mercado local bajo determinadas condiciones. 

Es récord la compra de dólares de personas, en julio sumó USD 3.319 millones 

De un lado del mostrador aparecen los dólares del comercio exterior y del endeudamiento privado. Del otro siguen los ahorristas. Mientras la primera columna alcance para cubrir la segunda, el precio puede permanecer contenido. El problema es que esa abundancia tiene componentes extraordinarios. 

El petróleo caro mejora el frente externo argentino, más todavía con Vaca Muerta convertida en una fuente creciente de exportaciones. La propia Gopinath destacó que el país pasó de preocuparse por las importaciones energéticas a transformarse en exportador de energía. Pero también advirtió que el escenario internacional es volátil y que las elecciones de 2027 pueden reactivar rápidamente la fuga del peso.

Horacio Liendo, uno de los arquitectos de la Convertibilidad, apuntó contra otra fragilidad del mecanismo. “Este sistema cambiario es para la escasez, para la vieja Argentina”, afirmó. Su cuestionamiento apunta a la contradicción de promover sectores como energía, minería y economía del conocimiento para generar cada vez más dólares mientras se mantiene un esquema que obliga a liquidar buena parte de esas divisas en pesos. 

Liendo plantea una salida mucho más radical que la que discute el mercado: eliminar los controles de cambio y permitir que peso y dólar compitan como monedas de curso legal. 

Pero su crítica toca un punto sensible del esquema de Luis Caputo. El Gobierno necesita que los exportadores vendan dólares para abastecer un mercado donde los argentinos siguen comprándolos.

Por eso todas las miradas se corren hacia 2027. Gopinath calculó que la Argentina tendrá que refinanciar alrededor de 25.000 millones de dólares el año próximo y sostuvo que recuperar el acceso al mercado internacional debería ser una prioridad. Al mismo tiempo reclamó acelerar la acumulación de reservas. Esperar simplemente que baje el riesgo país, advirtió, supone apostar a que el mundo acompañará al programa argentino. 

Lo concreto es que el programa financiero lejos de despejar profundiza las dudas sobre la disponibilidad de dólares para sostener el tipo de cambio casi fijo de la actualidad y para pagar los fuertes vencimientos de deuda. En el mercado estiman que al equipo económico todavía le faltan unos USD 10 mil millones para cerrar el financiamiento del 2027. 

Tanto Gopinath, como la titular del FMI Kristalina Georgieva fueron explícitas en ese punto: las reservas necesarias para enfrentar episodios de tensión no pueden provenir otra vez de préstamos de organismos internacionales. 

Por ahora, los dólares alcanzan. El petróleo caro, las exportaciones y las emisiones privadas mantienen abastecido el mercado mientras el Gobierno preserva el tipo de cambio como una pieza central de la desinflación. Pero el atraso ya tiene número: 12%.

Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More

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