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El riesgo país volvió a los 500 puntos y complica el programa financiero de Caputo y las inversiones
El riesgo país volvió a perforar uno de los supuestos centrales del programa de Luis Caputo. El indicador quedó otra vez en torno a los 500 puntos y encarece la posibilidad del Gobierno de volver al mercado internacional. Pero el problema no termina en el Tesoro: también encarece el financiamiento de las empresas que acumularon deuda y de las inversiones que el propio Gobierno presenta como el motor de la próxima etapa.
Este martes el riesgo país medido por JP Morgan volvió a superar los 500 puntos durante la rueda para estacionarse en 496 puntos básicos. La presión internacional ayudó: el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años llegó a tocar el 5,04%, el nivel más alto desde 2007, mientras el petróleo volvió a superar los 100 dólares.
El contexto externo explica una parte, pero no toda. Argentina sigue pagando una prima propia considerable. A fines de agosto el riesgo país había llegado a 532 puntos y, pese a posteriores recuperaciones de los bonos, nunca logró consolidarse cómodamente debajo de los 500.
El mercado mira el calendario de vencimientos de 2027. Ahí aparece el problema más urgente para Caputo. En el mercado calculan que al Gobierno todavía le faltan conseguir alrededor de 10.000 millones de dólares para cubrir los compromisos de deuda hasta el final del mandato.
El superávit fiscal ayuda, pero no fabrica dólares. Para cerrar ese agujero, el Gobierno necesita refinanciar vencimientos o recuperar un acceso al crédito internacional a tasas razonables. Con un riesgo país en la zona de 500 puntos y las tasas largas de Estados Unidos arriba del 5%, esa puerta se vuelve mucho más pesada.
Fabián Kon, CEO del Banco Galicia, puso el problema en términos directos. “El riesgo país es lo más nocivo que puede haber para la inversión”, dijo. Y advirtió que un riesgo país en estos niveles “está condicionando totalmente” el proceso de crecimiento.
Para Kon, una estabilización sostenible requiere “sustentabilidad fiscal, una deuda sostenible y, justamente, un riesgo país bajo”.
La definición resulta incómoda porque toca uno de los puntos débiles de la segunda etapa que proyecta el Gobierno. Milei y Caputo apostaron a que, una vez ordenadas las cuentas fiscales y desacelerada la inflación, la inversión privada tomaría la posta.
Pero la inversión no solo mira el resultado fiscal. También calcula cuánto cuesta conseguir los dólares, a qué tasa puede endeudarse una empresa y cuánto deberá pagar para refinanciar esa deuda cuando llegue el vencimiento.
Kon incluso describió al RIGI como una suerte de muleta para atravesar esa fragilidad. Su razonamiento es que, mientras Argentina no consiga estabilizar definitivamente su economía y recuperar credibilidad, necesita construir condiciones extraordinarias para atraer inversiones de largo plazo en sectores como minería e hidrocarburos.
La ironía es que ese andador protege al inversor de una parte del riesgo argentino, pero no puede eliminar el precio del dinero. Una minera, una petrolera o una energética puede obtener beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios mediante el RIGI. Sin embargo, necesita levantar capital en el exterior, y el costo soberano sigue funcionando como referencia.
El impacto adquiere otra dimensión después del festival de emisiones corporativas durante el gobierno de Milei, que según los datos del Banco Central superan los 20.000 millones de dólares. La compresión del riesgo país había permitido que empresas y provincias regresaran a Wall Street para colocar deuda y obtener dólares frescos. Ese movimiento sirvió para financiar inversiones, cancelar pasivos y extender vencimientos.
Pero toda deuda que entra tiene una fecha de salida. Si las condiciones financieras empeoran, refinanciar esos compromisos resulta más caro. El mecanismo es bastante simple. Una empresa argentina no paga únicamente la tasa internacional. Sobre ese costo carga la percepción de riesgo del país y después su propio riesgo corporativo. Con el Treasury a diez años rondando el 5% y Argentina cerca de los 500 puntos básicos de riesgo país, el punto de partida ya queda cerca de los dos dígitos antes de considerar las características particulares de cada compañía y de cada emisión.
Por eso el problema excede la cotización diaria de los bonos. El Gobierno necesita dólares para atender la deuda y las empresas necesitan dólares para sostener las inversiones prometidas. Ambos compiten dentro de un escenario internacional mucho menos generoso. El petróleo por encima de los 100 dólares agregó presión inflacionaria global y reforzó la expectativa de tasas estadounidenses altas, justo cuando Argentina necesita que ocurra lo contrario.
Caputo puede mostrar superávit y Milei puede ofrecer un régimen excepcional a los grandes proyectos. Pero mientras el Estado siga pagando una prima cercana a 500 puntos sobre una tasa internacional que ya es elevada, la cuenta financiera seguirá corriendo por debajo de la economía real. El problema para el Gobierno es que necesita resolver las dos cosas al mismo tiempo. Conseguir los dólares para atravesar el calendario de deuda y lograr que las empresas encuentren financiamiento para transformar los anuncios de inversión en proyectos concretos. El riesgo país es el peaje entre ambas orillas. Y acaba de volver a encarecerse.
Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More
