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La industria se desplomó 5% y los economistas advierten que la economía pasó del estancamiento a la caída

La actividad volvió a encender una luz roja para el programa económico de Javier Milei. La industria se desplomó 5% mensual desestacionalizado en julio, cayó 4,9% contra el mismo mes del año pasado y acumula una contracción del 2,6% durante los primeros siete meses de 2026, según informó el Indec.  

El dato mensual es particularmente fuerte porque corta la tenue recuperación que había mostrado el sector en mayo y junio. Pero hay otro indicador menos visible y acaso más relevante: la serie tendencia ciclo del Indec cayó 0,9% en julio, después de retroceder 0,7% en junio y 0,4% en mayo. Es decir, la pendiente negativa se profundizó durante tres meses consecutivos.  

El deterioro fue prácticamente generalizado. De las 16 divisiones manufactureras, 15 cayeron respecto de junio. La única excepción fue refinación de petróleo, que avanzó 1,7%. Entre las bajas más pronunciadas estuvieron muebles y colchones con una caída del 13,9%, maquinaria y equipo 9,2% y productos químicos 8,3%.  

La comparación interanual revela además la profundidad del daño en algunas ramas. Maquinaria y equipo cayó 26,7%, otros equipos, aparatos e instrumentos se hundió 31,4%, prendas de vestir, cuero y calzado retrocedieron 15,9%, textiles 13% y minerales no metálicos 12,6%. El caso de la maquinaria agropecuaria es todavía más estridente: la producción se derrumbó 46,6% contra julio del año pasado.  

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El propio Indec vinculó una parte importante de esas caídas con el debilitamiento del mercado interno. En maquinaria agrícola registró menor demanda de unidades nacionales; en electrodomésticos, menor producción de heladeras y lavarropas; en electrónica, una caída de celulares y televisores. Para indumentaria agregó otro factor: además de una demanda interna deprimida, los fabricantes enfrentan una mayor competencia de productos importados. 

LCG, la consultora de Martin Lousteau, puso el dato en una perspectiva todavía más larga: la producción industrial se encuentra 9% por debajo de noviembre de 2023. Pero el promedio esconde derrumbes mucho mayores. Contra ese mes, textiles perdió 41%, maquinaria 29%, minerales no metálicos 28%, productos de metal 25%, prendas de vestir 22% y automotriz 21%. Sólo alimentos, refinación de petróleo y otros equipos de transporte se mantienen por encima.

Están todos hablando de las caídas interanuales y se están perdiendo lo más jugoso de los informes, que ya están marcando un quiebre en la tendencia ciclo. O sea, pasamos del amesetamiento que teníamos, aún con valores bajos, a la caída.

La consultora calculó además que, después del retroceso de julio, la industria acumula una baja del 3% contra diciembre y deja un arrastre estadístico negativo del 3,2% para lo que resta de 2026. “No vemos drivers que empujen la recuperación”, afirmaron desde LCG.  Entre los lastres enumeró la demanda interna deprimida, los crecientes niveles de mora empresaria, la competencia de las importaciones y la inflación en dólares. 

La construcción completa el cuadro. El índice de la construcción cayó 4,6% mensual desestacionalizado y 4,5% interanual en julio y se encuentra 25% por debajo de noviembre de 2023. Además, el 75% de las empresas constructoras consultadas espera un estancamiento de las obras privadas durante los próximos meses. 

Para Martín Pollera, economista del Grupo Atenas, el problema central es que buena parte de la discusión se concentra en las comparaciones interanuales y deja escapar una señal más importante sobre lo que puede ocurrir hacia adelante. “Están todos hablando de las caídas interanuales y se están perdiendo lo más jugoso de los informes, que ya están marcando un quiebre en la tendencia ciclo. O sea, pasamos del amesetamiento que teníamos, aún con valores bajos, a la caída”, dijo Pollera a LPO. 

La secuencia del Indec sostiene esa lectura. La tendencia ciclo industrial había crecido 0,2% en enero y febrero, apenas 0,1% en marzo y luego comenzó a retroceder: 0,1% en abril, 0,4% en mayo, 0,7% en junio y 0,9% en julio. Más que un salto mensual aislado, la serie muestra una pérdida progresiva de velocidad que terminó convirtiéndose en contracción. 

Pollera agregó dos variables que pueden acelerar ese proceso durante los próximos meses: “cadena de pagos rota y despido de personal en camino”. El último Radar Económico elaborado por su equipo muestra que el deterioro excede a la industria. En julio, los despachos de cemento cayeron 8,1% interanual, las ventas de asfalto se hundieron 23,1%, el ISAC retrocedió 4,5% y el Índice Construya cayó 6,5%. En industria, además del retroceso del IPI, la producción metalúrgica bajó 4,4% y la demanda eléctrica comercial e industrial 2,9%. 

Los primeros números de agosto tampoco anticipan un cambio. La producción automotriz cayó 11,6% interanual y acumula una contracción de 17,1% en los primeros ocho meses. Del lado del consumo, las ventas minoristas Pyme bajaron 0,2%, los patentamientos de autos 17,8% y la recaudación real de IVA 6,2%. 

Pollera pone especial atención sobre la construcción porque allí los problemas financieros tienen capacidad de retroalimentar rápidamente la caída. “La construcción tiene su propia lógica porque el financiamiento del sector es el propio sector”, explicó. 

Según un informe reservado elaborado por su equipo, los atrasos en la cadena de pagos aparecen como un problema para el 24,2% de las empresas de obra pública y para el 12,1% de las dedicadas a obra privada. “O sea, el doble de incidencia donde el comitente es el Estado”, señaló. 

El diagnóstico de Martín Coatz, ex jefe de economistas de la UIA y director de la consultora Industria y Desarrollo (I+D), llega al mismo problema desde otro ángulo. Su último informe describe el pasaje del “efecto sándwich” a un “torniquete financiero”: a la combinación de demanda deprimida y costos crecientes se agregó el endurecimiento de las condiciones de financiamiento. 

“El informe dice mucho más de lo que se está hablando. Nos estamos quedando con las variaciones interanuales y hay datos que marcan un panorama oscuro para el cuarto trimestre”, afirmó Pollera. 

El diagnóstico de Martín Coatz, ex jefe de economistas de la UIA y director de la consultora Industria y Desarrollo (I+D), llega al mismo problema desde otro ángulo. Su último informe describe el pasaje del “efecto sándwich” a un “torniquete financiero”: a la combinación de demanda deprimida y costos crecientes se agregó el endurecimiento de las condiciones de financiamiento. 

Según I+D, para sostener el dólar alrededor de $1.500 el Gobierno recurrió a un apretón monetario que dejó la curva de tasas en un escalón superior. Esas tasas se trasladan a los adelantos bancarios y al descuento de cheques que utilizan las Pyme para financiar capital de trabajo, justo cuando unas 4.000 industrias se encuentran en mora.

El riesgo señalado por Coatz es que el mecanismo vuelva a intensificarse durante el último cuatrimestre. Con una menor liquidación del agro, si el equilibrio cambiario requiere nuevamente tasas más altas, el problema financiero puede terminar convirtiendo capacidad ociosa en cierre de empresas. 

I+D proyecta que 2026 terminará con 3.300 empresas industriales menos y una pérdida de 100 mil puestos de trabajo directos e indirectos. Sólo en mayo desaparecieron más de 400 establecimientos industriales, el mayor registro mensual desde 2019, y durante los primeros meses del año ya se habían perdido casi 1.500.  El problema excede a las fábricas: el sector privado formal perdió casi 138 mil asalariados durante el mismo período. 

Coatz identifica además una economía cada vez más fragmentada. Minería e hidrocarburos crecieron más de 40% respecto de 2022 y la actividad agropecuaria más de 10%, mientras industria y construcción se encuentran más de 10% abajo. Los sectores que mejor funcionan representan apenas el 8% del empleo asalariado formal; industria, construcción y comercio, que explican casi la mitad del empleo, son justamente los que muestran el peor desempeño. 

Pollera lleva esa fragmentación al corazón del programa económico y plantea que el problema ya no puede analizarse separando actividad, dólar, tasas o ingresos. “Cuando ves la foto completa, te das cuenta que el modelo no aguanta los precios de la economía vigentes: dólar, tasa, tarifas, alimentos versus ingresos”, afirmó. La dificultad es que corregir uno de esos precios altera el equilibrio construido sobre los demás. 

“Alguien podría decirte que, en realidad, los precios de la economía hacen al modelo. Pero, en cualquier caso, es lo mismo: no hay salida virtuosa de esto sin corrección en la ecualización de los precios”, dijo Pollera. Y resumió el problema en cuatro palabras: “Se encerraron solos”.

Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More

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