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Las ventas masivas de bonos del Tesoro complican el modelo de dólar barato de Milei

La tormenta financiera internacional que disparó la venta masiva de bonos del Tesoro de Estados Unidos encontró a la Argentina en el peor lugar: necesitada de dólares, con el riesgo país otra vez por encima de los 500 puntos y con el gobierno obligado a tensionar las tasas para evitar que la presión dispare el tipo de cambio. 

El deterioro global no explica todos los problemas domésticos. Pero encarece el combustible que Luis Caputo necesita para mantener funcionando su programa: el financiamiento externo. 

La rueda de este miércoles dejó varias señales. El dólar mayorista subió dos pesos y cerró en $1.497, el valor más alto desde el 7 de agosto. El movimiento fue de apenas 0,1%, pero ocurrió con un volumen de contado de 439,1 millones de dólares, unos 100 millones más que el martes. La demanda volvió a ganar espesor y obligó al Gobierno a sostener el dispositivo de contención. 

La señal más fuerte apareció en el mercado de futuros. El interés abierto en contratos de dólar de A3 Mercados, el antiguo Rofex, aumentó en más de 130.000 contratos durante la rueda. Operadores consultados señalaron que hacía más de un mes que no se registraba una expansión semejante den una jornada que no estuviera vinculada al roll de posiciones. El último antecedente comparable se remontaba a principios de julio. 

Mal clima en el mercado: Sube el riesgo país y no aceptan renovar deuda en dólares

El movimiento coincide con una nueva presión sobre las tasas en pesos. Wise Capital señaló que el mercado financiero volvió a mostrar una fuerte tensión y vinculó la dinámica con la estrategia conjunta del Banco Central y el Tesoro para contener al dólar. La combinación incluye tasas, operaciones con futuros y bonos para moderar la demanda de divisas y evitar que se amplíe la brecha. 

El problema es que esa defensa tiene un costo. Por eso volvió la discusión sobre la tasa cercana al 30% y el daño sobre la curva de pesos. En el mercado cuestionan que el Gobierno haya llevado nuevamente los rendimientos a esos niveles después de las tensiones generadas por las últimas licitaciones del Tesoro. 

Observando el contexto afuera me preocupa más ver subir la tasa en pesos otra vez.

El remedio permite ganar tiempo en el frente cambiario, pero encarece el crédito, castiga los bonos en pesos y aumenta el costo de refinanciamiento del propio Estado.  “Observando el contexto afuera me preocupa más ver subir la tasa en pesos otra vez”, sintetizó el economista Christian Buteler. 

La frase apunta al corazón del problema: el margen para administrar simultáneamente dólar, tasas y deuda se achica justo cuando el escenario internacional se vuelve más hostil. 

El contexto externo cambió rápidamente. La venta masiva de bonos de Tesoro llevó el rendimiento del Treasury estadounidense a 30 años hasta la zona de 5,33%, el nivel más alto desde 2007. El bono a diez años llegó a rondar 4,7%. 

Como consecuencia, el  Tesoro norteamericano anunció que duplicará sus recompras de deuda larga y consiguió aliviar parcialmente las tasas, pero la intervención mostró la magnitud de la tensión. 

No existe un único culpable. La continuidad del conflicto entre Estados Unidos e Irán volvió a presionar sobre el petróleo y las expectativas de inflación. A eso se suma el crecimiento de la deuda norteamericana, el déficit fiscal, la gigantesca emisión corporativa vinculada al boom tecnológico y las dudas sobre la política del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh. La deuda pública estadounidense ronda el 100% del PBI y el mercado exige cada vez más rendimiento para financiarla. 

Con un agravante, ninguno de esos factores parece tener una solución sencilla ni rápida. Es decir, es probable que la incertidumbre que disparó la venta de bonos del Tesoro, continúe por un buen tiempo.

La cuestión fiscal norteamericana dejó de ser una discusión académica. En la última colocación de bonos a 30 años, Estados Unidos debió pagar un rendimiento de 5,3%, el costo más elevado para una subasta de ese plazo desde 2001. 

El stock de deuda se acerca a los 40 billones de dólares y una tasa más alta implica que una porción creciente de los ingresos fiscales termina destinada al pago de intereses. 

Caputo construyó durante meses un puente hacia el regreso de Argentina al financiamiento internacional. La dificultad es que ese puente desemboca ahora en un mundo donde el dinero se volvió mucho más caro. 

Para los mercados emergentes, el mecanismo es bastante directo. Si Estados Unidos paga cerca de 5% por su deuda larga, los inversores exigen una prima mayor para asumir riesgo argentino. El dinero internacional se vuelve más caro y selectivo. Y ahí aparece la vulnerabilidad particular del programa de Caputo. El esquema necesita reconstruir reservas, sostener el acceso de empresas y provincias al mercado internacional y conseguir que el riesgo país baje lo suficiente para que eventualmente también pueda refinanciar deuda el Tesoro. Una tormenta internacional de tasas largas complica esa puerta de salida. 

El economista libertario Fernando Marull apeló a la ironía para disfrazar su paulatina toma de distancia del modelo de Milei y Caputo que con tanta vehemencia defendió estos años: “Riesgo País 510 puntos y sin noticias a la vista. ¿Algún Heroeeeee?” posteó en X. 

Gabriel Caamaño describió con humor financiero el efecto de estas jornadas: “No hay nada que produzca más panqueques que el sangrado de comitentes. EMHO”. La sigla significa “En mi humilde opinión”. 

Detrás de la ironía aparece una realidad conocida del mercado: cuando las pérdidas se acumulan, las convicciones duran menos. Caputo construyó durante meses un puente hacia el regreso de Argentina al financiamiento internacional. La dificultad es que ese puente desemboca ahora en un mundo donde el dinero se volvió mucho más caro.  

Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Read More

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